Poesía de Poieses

“Un falso poeta es un castigo demasiado duro para mi gusto”

Albert Camus

 

Leer es interpretar el universo.

Escribir es ordenar el universo.

Escribir poesía es postular otros universos.

Siempre digo que la idea que el común de las personas tiene sobre la poesía, y especialmente sobre los poetas, es culpa de los que pretendida y presuntuosamente se llaman a sí mismos “Poetas”; tengo para mí que ningún poeta verdadero se jacta de ser poeta. Es difícil mensurar los daños que han hecho a la reputación de la poesía los que se arrogan el título de poetas.

En este punto cabe señalar muy bien quiénes son estos satélites de la poesía, esta suerte de admiradores de las musas poéticas que suponen que ser poetas los convierte en una especie de seres especiales. Tristemente, no se equivocan, solo que lo que diferencia a los poetas del resto de los mortales no tiene nada que ver con lo que ellos imaginan o suponen que es la esencia de la poesía, o de lo que significa “Ser Poeta”.

Como en los contratos de alquiler se suscribe “tal persona, de aquí en más El Inquilino”, en este texto se llamará de aquí en adelante a estos confundidos aspirantes a poetas como los Pseudo-Poetas. No es difícil distinguirlos, estoy seguro que todos conocemos alguno o algunos. Se propagan con más facilidad que el fuego en un bosque reseco, y no es raro que se junten y se asocien para propagar los textos que su pseudo-poesía genera.

Algunos puntos que los hacen fácilmente identificables: sus textos hablan repetidamente y más o menos con las mismas metáforas sobre rosas, espinas, Lunas, ruiseñores y pieles de armiño (sin importar que en sus geografías no existan), noches oscuras, abismos del alma, distancias que las almas acortan, cafés intensos y calientes (muy en boga últimamente) que asocian con personalidades o actos sexuales, arenas y mares que sienten en las pieles amadas, lluvias que comparan con orgasmos femeninos, el vuelo o las alas como momento culminante de sus éxtasis poéticos y toda una larga serie de etcéteras que componen sus clichés y sus lugares comunes que se leen en sus textos intercambiados con menor o mayor frecuencia como fichas de dominó. Como fichas de un aburrido y previsible dominó.

Antes de seguir quiero repasar una cita de Jean Cocteau:

“La poesía debe tener aspecto pobre para quienes no conocen el lujo. Un poema es el colmo del lujo, es decir, de la reserva; todo lo contrario de la avaricia. De lejos, a la primera ojeada, iba a decir oliendo, sopesando un libro, el experto estima su calidad. Un verdadero poeta se preocupa poco de la poesía. Del mismo modo que un horticultor no perfuma sus rosas”.

 

Y por si no bastan para clarificar el punto las palabra de Cocteau, agreguemos las de Vicente Huidobro:

“El gran peligro del poema es lo poético. No agreguéis poesía a aquello que ya la tiene sin necesidad de uno. Miel sobre miel repugna”.

 

Un jardinero no perfuma sus rosas, dice el francés; miel sobre miel repugna, agrega el chileno. Lo que vulgarmente se conoce como afectación, los Pseudo-Poetas son afectados, sus textos son afectados, su lenguaje es afectado, su idea y su concepto de la sensibilidad es afectado y, por lo tanto, lo que suponen sensibilidad, termina siendo la más de las veces neta y banal sensiblería.

Arriba, en el epígrafe del título de este blog se lee “Escribo desde mi experiencia; vale decir… desde el fracaso”. Pido perdón si lo escrito hiere la sensibilidad de alguno de los lectores de este blog o si alguien se ha visto identificado en la descripción textual de los Pseudo-Poetas y siente que desde estas líneas se ejerce la soberbia para quienes encuentran placer o felicidad en expresar sus sentires mediante sus textos pseudo-poéticos. No me molesta que los escriban o los compartan, me molesta que lo llamen “Poesía”, me hiere que una gran parte de la sociedad tenga una idea equivocada de la Poesía por culpa de los Pseudo-Poetas.

Tampoco reservo para mí el parnaso poético. Amo y respeto a la poesía, y por eso mismo jamás diría que mis textos son poesía, o poemas. Cuando era muy joven, de adolescente o apenas salido de la adolescencia, me jactaba insensatamente de proclamarme escritor de versos. Quería ser llamado Poeta. No tenía la idea de la poesía que los Pseudo-Poetas comúnmente tienen, pero sí me faltaba aprender (o comprender) que ser poeta no es un oficio, ni una vocación siquiera. No volví a intentar escribir poesía desde que soy adulto. Incluso así, cada tanto me animo a garabatear unos versos sin mayores pretensiones. En uno de ellos supe decir:

Yo, Antipoeta

digo que

escribir poesía

no es ser poeta.

Que ser poeta

es vivir el verbo

descubriendo

que no es el verbo

lo que lo conjuga.

He tenido la oportunidad de conocer a varios poetas y de leer a muchos más. He notado que ninguno de ellos vive la poesía como una gracia o una virtud en sí misma como los Pseudo-Poetas insisten en proclamar al mundo. Sino más bien lo contrario, la viven como un don oscuro, como una pesada carga que sólo ellos pueden llevar, y que la llevan comprendiendo que prefiguran una suerte de catalizadores del poder de la palabra para el resto de los hombres.

A decir de Sabato, la poesía es el lenguaje de los abismos y las tinieblas, algo bastante reñido con la idea lumínica que tienen de la poesía los Pseudo-Poetas. Aristóteles dividía las actividades humanas en tres categorías: La Teoría, equivalente al conocimiento, a la búsqueda de la verdad. La Praxis, equivalente a la acción, a resolver los problemas de una manera práctica. Y la tercera, La Poieses, equivalente a la realización, a la búsqueda de crear algo, a convertir pensamientos en materia.

Auster, parafraseando a Wittgenstein, dice que el lenguaje no es equiparable a la verdad, sino que es nuestra forma de estar en el mundo. La poesía hace tangible un mundo, un universo, al que sólo se puede acceder a través de ella. El poeta es un nexo, no elige ser poeta, la poesía lo elige como poeta y él, “si los astros le son propicios y accede a esa simple y secreta complejidad”, tendrá la tarea de construir puentes más o menos sólidos según la calidad de su poesía.

A veces me cuesta entender a los Pseudo-Poetas. Es decir, desde los Malditos para aquí, hace mucho más de un siglo, todos los autores que recibieron el reconocimiento como poetas, ninguno cayó en los clichés en los cuales la Pseudo-Poesía incurre. Es evidente que la poesía es algo totalmente distinto de lo que ellos siguen llamando Poesía sin que lo sea y ni siquiera se aproxima a serlo.

Siempre sostuve que ningún taller literario forma poetas. Sin embargo, un buen taller literario es un propicio lugar donde un Pseudo-Poeta podrá advertir que sus textos no son poesía. Desde allí, con humildad, trabajo y (no olvidemos) si la poesía lo elige, podrá intentar la aproximación a la poesía. Uno de los mejores talleristas latinoamericanos, un experto en talleres de poesía, Jaime Jaramillo Escobar suele repetir que un buen poeta se reconoce por sus malos versos.

Quiero citar ahora, a modo de ejemplo, algunos poemas que (a mi modo de ver) son la contracara de cualquier cosa que los Pseudo-Poetas escribe. Para que quede claramente identificado lo que un verdadero poeta genera. Vamos a los ejemplos:

Desayuno; Jaques Prèvert

Echó café
en la taza.
Echó leche
en la taza de café.
Echó azúcar
en el café con leche.
Con la cucharilla
lo revolvió.
Bebió el café con leche.
Dejó la taza
sin hablarme.
Encendió un cigarrillo.
Hizo anillos
de humo.
Volcó la ceniza
en el cenicero
sin hablarme.
Sin mirarme
se puso de pie.
Se puso
el sombrero.
Se puso
el impermeable
porque llovía.
se marchó
bajo la lluvia.
Sin decir palabra.
Sin mirarme.
Y me cubrí
la cara con las manos.
Y lloré.

 

 

Fábricas del Amor; Juan Gelman

Y construí tu rostro.
Con adivinaciones del amor, construía tu rostro
en los lejanos patios de la infancia.
Albañil con vergüenza,
yo me oculté del mundo para tallar tu imagen,
para darte la voz,
para poner dulzura en tu saliva.
Cuántas veces temblé
apenas si cubierto por la luz del verano
mientras te describía por mi sangre.
Pura mía,
estás hecha de cuántas estaciones
y tu gracia desciende como cuántos crepúsculos.
Cuántas de mis jornadas inventaron tus manos.
Qué infinito de besos contra la soledad
hunde tus pasos en el polvo.
Yo te oficié, te recité por los caminos,
escribí todos tus nombres al fondo de mi sombra,
te hice un sitio en mi lecho,
te amé, estela invisible, noche a noche.
Así fue que cantaron los silencios.
Años y años trabajé para hacerte
antes de oír un solo sonido de tu alma.

 

 

Y de pronto anochece; Salvatore Quasimodo

Hendido por un rayo de sol
todo hombre está solo
sobre el corazón de la tierra;
y de pronto, anochece.

 

EL Barco del Norte XVI; Philip Larkin

A la una la botella está vacía;
a las dos, el libro fue cerrado;
a las tres, los amantes yacen separados,
ya realizado el comercio del amor.
Y ahora las luminosas manecillas del reloj
indican que son más de las cuatro,
esa hora nocturna en que los vientos

                                            vagabundos
sacuden la oscuridad.

Y me muero de ganas por dormir;
tanto que apenas puedo creer
que el río silencioso que sale de la cueva
no sea poderoso ni profundo;
sólo una imagen elegida para presumir.
Me acuesto y espero la llegada de la mañana y                                             

                                                   de los pájaros,
los primeros pasos bajando por las calles                                         

                                               todavía sin barrer,
las voces de las niñas abrigadas con bufandas.

¿Pueden notar la diferencia? ¿Pueden ver que en estos poemas emblemáticos de cuatro diferentes lenguas y literaturas no hay ni uno solo de los lugares comunes que son legión en los textos de los Pseudo-Poetas.

Volvamos a la idea que la sociedad tiene de los poetas por culpa de los Pseudo-Poetas. Así como es un error grave de los Pseudo-Poetas confundir sensiblería con sensibilidad, es un error grave que comete el común de la sociedad al juzgar la poesía por lo que los Pseudo-Poetas generan. Casi que es un copyright compartido entre quienes generan la confusión y de quienes la aceptan como representativa. El “Gorda Intensa” o “Gordo Intenso” con el que apostrofan a los Pseudo-Poetas mete en la misma bolsa a autores que sí tienen una idea clara de lo que es la poesía de calidad y que se esfuerzan por vivirla y promoverla. Se me dirá que esto no es nuevo, que es responsabilidad de quien es elegido por la poesía (por la verdadera Poesía) separar paja de trigo y tomar las críticas como de quien viene. Pero convengamos que reciben fuego graneado que no les corresponde. El ya mencionado Jaramillo Escobar dice: “El verdadero poeta lucha contra la poesía y hace largos esfuerzos por librarse de ella antes de rendirse. Pero existe también, como en todo, el poeta aficionado; y el que toma la poesía como escape y la convierte en vicio; o el hombre inofensivo y pintoresco que la incorpora a sus manías”.

Lo que juzgamos en un artista es su obra. Si alguien refiere a sus textos como poemas, poesía o versos; aspira a ser artista y a ser juzgado como tal. Para quienes entendemos la palabra como acto creador en sí mismo, como voluntad misma de existencia en el universo, vemos a la poesía como a una divinidad. Parecerá necio enervarse ante alguien que llame poesía a textos que no lo son. Alguien podrá decir que es darle más entidad de la que sus pseudo-textos merecen. Quizá este artículo sea sólo un desahogo, un ejercicio de catarsis vanidoso y plagado de soberbia. Pero si sirve para que alguien al menos pueda separar paja de trigo me sentiré más que conforme y justificado.

Siempre he sostenido que el arte es el único medio por el cual el hombre en sociedad progresa. Que solamente el arte sana, que la política o la religión son solamente aspirinas y placebos. Dentro de ese esquema, la Poesía es la punta de lanza de ese progreso a través del arte. Todos los movimientos culturales que promovieron cambios sociales fueron precedidos por sus poetas. Como Aristóteles ya lo advertía, la verdadera ontología parte de la poiesis, de la posibilidad de convertir pensamientos en materia, nada menos. La poesía es un arma, y los ojos de un poeta son balas cargadas de significado. Los que hacen de la poesía un muestrario de lugares comunes, no son poetas; son Pseudo-Poetas, y sus textos son solamente balas de fogueo que solamente confunden a los incautos.

 “Podemos confiar en nuestros científicos para que nos ayuden a encontrar el camino a través de la distancia cercana; pero, para el más largo trecho del futuro habremos de depender de los poetas. Tendremos que aprender a interrogarlos más estrechamente y a escucharlos con más cuidado. Un poeta es, después de todo, una especie de científico, pero dedicado a una ciencia cualitativa, en la que nada es mensurable”. Lewis Thomas

La soledad como vocación, la contemplación como característica de su espíritu, su inconsciencia del tiempo, su conciencia de la eternidad como un presente absoluto. Todas características que distinguen a un poeta que simple y sencillamente escribe textos que merecen ser llamados… Poesía.

 

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Neutralidad

Мы живем, под собою не чуя страны

“Vivimos sin sentir el país a nuestros pies”

Osip Mandelstam

 

 

Hacía frío, esa noche llovía y el invierno había caído sobre nosotros con la naturalidad de las cosas que saben que, cuando su momento ha llegado, usarán cada instante para dejarnos su marca en nuestros cuerpos y su impresión en nuestras almas. El amor era reciente y ante nosotros la vida se abría entonces en toda su gama de posibilidades infinitas. Desde que el mundo es mundo, el infinito y la eternidad es la única aspiración que los amantes jóvenes distinguen. Poco a poco, el infinito va perdiendo la talla.

No recuerdo cómo se mezcló en nuestra cena la frase de Herbert Read, el oficial del ejército británico en el frente francés durante la primera guerra, la Gran Guerra, como les gusta llamarla a algunos historiadores, como si pudiera señalarse alguna grandeza a semejante atrocidad. Read, el mismo tipo que después sería poeta, pensador, filósofo y que introduciría el surrealismo en Inglaterra. No recuerdo si la mencionó ella o la mencioné yo, o si simplemente se metió en nuestro mundo de romance liminar por impronta propia: “El arte bueno es siempre una síntesis dialéctica de lo real y lo irreal, de la razón y la imaginación”.

Recuerdo el frío haciendo crujir las ventanas por la condensación entre lo gélido de la intemperie y lo cálido de nuestra casa y nuestro adentro. Recuerdo la pizza que dejamos incompleta sobre la alfombra y el olor de las aceitunas que impregnaban nuestro living y que dejamos la mayoría de lado porque estaban fuertes. Recuerdo que discutimos  sobre la frase de Read hasta pasada la medianoche, recuerdo que hicimos el amor sin siquiera pasar al cuarto y que después seguimos discutiendo sobre la frase hasta las tres de la mañana, casi. Lo recuerdo bien porque ella dijo “A las seis tengo que levantarme, me quedan tres horas para dormir”.

 

Como casi todas las discusiones por gusto, sólo diferíamos en los contextos; pero es ahora, después de mucho, que repaso sus argumentos y los míos y es ahora, después de tanto, cuando ella sólo habita mi memoria, que la discusión y el instante logran encarnarse haciéndose texto y contexto, como haciéndose puente entre el tiempo y el espacio. Y ya no hay discusión, ni invierno, ni ella, ni vos. Entendiendo por vos al que fui en esa noche de invierno en cual discutimos una frase de Read, hasta las tres de la mañana.

“No me gusta el término Poesía Comprometida ¿Qué es eso? A mí me gusta la poesía casada, casada con al vida”, nos dijo Gelman apartando el cigarrillo y el humo. Durante la Primera Guerra, los hombres de ciencia se vieron obligados a tomar partido y abandonar a neutralidad; sí, esa misma guerra donde el oficial Read del ejército de su majestad combatió. Sí, esa misma guerra donde un joven profesor de nombre Einstein se cansó de insistir que, a la par de una investigación científica, había que desarrollar otra investigación que profundizara sobre los fines y los resultados que la primera investigación depararía. Una ética de la ciencia, proclamaba el joven profesor de Zurich que se proclamó antibelicista en esa Primera Guerra y durante la Segunda secundó a Szilard y a Wigner para convencer a Roosevelt que desarrollara el programa nuclear que llegaría a sus dos mayores énfasis con Hiroshima y Nagasaki.

Y no ha de ser casual que al mismo tiempo que los hombres de ciencia (durante la primera guerra) abandonaban la neutralidad, también las poetas decidieran abandonar la hoja de parra de la inocencia y abandonar la neutralidad literaria. Especialmente los surrealistas, sus satélites y los poetas que devinieron del Surrealismo empezaron a  preguntarse por un propósito de la poesía, por sus efectos sobre el hombre y las diferentes realidades del hombre.

Un frío mucho más terrible que el de la noche que recordé, y que evoca este texto, caía sobre las mujeres que esperaban haciendo fila afuera, en la intemperie de la cárcel siberiana de Yezhov. Una de las mujeres, aterida, cansada, congelada, reconoce a otra mujer y pregunta a otra si esa es la poetisa, si esa mujer que está ahí, muerta de frío como todas ellas, es acaso la poeta Ana Ajmátova. Le confirman que sí, que es ella, entones se acerca y le pregunta:

— ¿Y usted, puede describir esto?

Y la poeta, tras pensar unos instantes responde:

— Puedo.

“Y entonces algo como una sonrisa resbaló en aquello que una vez había sido su rostro”, escribió Ana sobre aquella mujer que, como ella, se había visto obligada a abandonar la neutralidad.

Georghi Efron, el hijo al que Tsvietáieva llamó Mur. El hambre que apretó sus estómagos y los hizo volver desde Francia a Rusia en 1939; la tragedia que la alcanzó a ella dos años después y a Mur en 1944, con un fusil en sus manos y la neutralidad de su madre en el alma. El alma atravesada por la misma bala que atravesó su pecho cerca de la aldea de Druika, junto a cientos de miles de hombres como él. “Adiós a la literatura, a la música, a los estudios”, le había escrito Georghi a su hermana en su última carta que no firmó con su nombre, sino simplemente como Mur, el apodo que su madre, Marina Tsvietáieva, le puso.

Recuerdo que Gelman escribió luego eso de la poesía casada; pero a ella y a mí nos lo dijo en una mesa de aquel bar de Almagro, mirada a mirada; y escuchar sus ojos grises hablando de poesía y de vida, fue sentir con nosotros ahí, en esa mesa, la presencia de Marcelo y de Nora, sus hijos desaparecidos.

                             “Besando hijitos que nunca más van a crecer/

                              Compañeros que nunca más van a crecer y ahora cosen

                              La tierra al aire/ cosen”.

Benditos poetas que abandonaron la neutralidad, bendita poesía que puede abjurar de sí misma cuando se trata de la vida.

Osip que escribe ”Vivimos sin sentir el país a nuestros pies/ nuestras palabras no se escuchan a diez pasos”. El epigrama de dieciséis versos que sus compañeros poetas llamarán “Epigrama contra Stalin”. Su abandono de la neutralidad que le costaría la vida el 27 de Diciembre de 1938. Poco más de dos meses antes, su esposa le escribía:

     “No tengo palabras, amado mío, para describir esta carta… La estoy escribiendo en el espacio vacío. Tal vez regreses y no me encuentres aquí y entonces esto será todo lo que tengas para recordarme… La vida puede durar tanto tiempo… ¡Qué dura y larga se nos hace la muerte en soledad! ¿Es justo un destino así para nosotros que somos inseparables? Cachorros y criaturas, ¿nos merecemos esto? ¿Acaso merecías esto, ángel mío? Todo sigue igual que antes. No sé nada, y sin embargo lo sé todo. Cada día y hora de tu vida están claros para mí como en un delirio. En mi último sueño, yo compraba comida para ti en el sucio restaurante de un hotel, rodeada de un montón de desconocidos. Después de comprar la comida, me daba cuenta de que no podía llevártela porque no sabía dónde estabas… Cuando desperté, le dije a Shura: “Osia está muerto”. No sé si aún estás vivo, pero desde que tuve aquel sueño, he perdido tu rastro. No sé dónde estás. ¿Me escucharás? ¿Sabes cuánto te quiero? Nunca pude decirte cuánto te amo, ni siquiera puedo decírtelo ahora. Te hablo a ti, sólo a ti. Tú estás siempre conmigo, y yo que siempre fui tan valiente y colérica que nunca aprendí a derramar unas simples lágrimas, ahora lloro, lloro y lloro… Soy yo, Nadia. ¿Dónde estás?”.

 

La carta que la esposa del poeta escribió, y que nunca fue enviada.

Hay silencios que pagan un carísimo impuesto a las palabras. En poesía, ese impuesto se paga siempre con sangre, y es el único que la poesía acepta, sea con neutralidad, o sin ella.

Es extraño pensar que los argumentos de una noche, en otro siglo; viven en mi memoria y pasen de allí al papel como latiendo esa sangre de la que hablamos una noche de invierno después de tanto tiempo transcurrido entre ese instante y este del papel y la tinta sangre. Su memoria amordazada a mi espíritu como si usara nuestros recuerdos como timón y ancla al mismo tiempo porque, a contramano de cualquier tipo de neutralidad, el cuerpo y la memoria son dos éxtasis que llevamos encima y  “… La vida puede durar tanto tiempo… ¡Qué dura y larga se nos hace la muerte en soledad!” pero saber, íntimamente, que perder la inocencia o la neutralidad, al cabo, no es lo peor; que pudo haber sido todavía mucho peor. Tanto, que pudimos no habernos ocurrido.

Entrañas

“La mano que esto escribe renacerá del mismo vientre”. Jorge Luis Borges

No te alcanzaba el rostro para tu sonrisa.

Prisa de tus pasos que es entendible ahora;

hora de ensombrecer tu ausencia,

permanencia de lo que arrojaste a la tierra,

rielar de astros viejos sobre tu nidada de huesos.

Eso lo supe:

Tuve que decirlo y callé.

Hallé un niño oscuro como las estepas quemadas, distraído…

alarido fue de joven hasta que la afonía lo hizo hombre.

Lóbrega sed, esta virtud de aceptar tu lejanía;

letanía que hizo al hombre incrédulo y temeroso.

Meloso son, este que se escapa de mis manos,

vanos susurros que no escucharas hasta que ellas mismas

giman en tu vientre la canción de los desesperados.

Marzo de 2004, primer aniversario de la despedida de Irma; mi mamá.

Transferencia de Peligros

“No sé, realmente, qué es peor:

estar sólo o tener conciencia de la soledad”

De lo que es encontrar

el hallazgo de otra soledad

capaz de latir a la par de la propia.

Pero ignorar, dolorosamente,

lugar y tiempo donde la verdad y la realidad

se divorciarán para dejarnos huérfanos.

Lo que sé,

                lo que ignoro.

Sé, por ejemplo,

que tienes tus manos sobre mis ojos.

Lo que ignoro

es a qué le tengo más miedo:

que las dejes,

                      o que las quites.

¿Y si tu luz o tu sombra fueran imperceptibles para mis ojos?

¿Y si me acostumbré a la oscura caricia de tu mano sobre mis párpados?

¿Y  si la luz consiste solamente en mi ceguera de intuirte?

Lo que tal vez ignoro, al cabo,

son los peligros del carácter transitivo:

Amar la venda que me enceguece,

por devoción a las manos que me vendaron.

Ojos vendados

Este poema, publicado hoy, rompe una larga racha de años en que no escribía poesía. Podría decirse que los tres últimos versos son un préstamo intelectual; o acaso, simplemente, una devolución de ego prestado. Septiembre 06 de 2013.

Quiebrapromesas

Tan extraño

dos ángeles
discuten
la posesión
de la terraza
frente a la
ventana
donde escribo
y fanaleamos
la tarde.

Yo prometí,
más tu no estabas-
(dice uno)

Yo estaba,
más no supiste llegar-
(el otro)

Ignoran
que solo a mí:

duele
esta tarde,

sin oídos
para mis labios…

esta deuda de palabras
no dichas

tomando turnos
frente a tu retina,

distraída,

surcando la ciudad

en la ventanilla
de un colectivo.

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Dominó

El viento

                                     volteaba árboles

           como fichas de dominó.

La oscuridad

                 se iluminaba cada tanto

por un flash

                           de relámpagos;

y yo en tu cuerpo

buscando

                    la confluencia

                                     de las aguas.

 Y tu preguntando:

                      ¿Acaba el mundo?

No

                No el mundo,

                                                   y mis besos bajaban al sur

                      por el sendero de tu vientre…

                                                 hacia la fertilidad

                                                                        de otras tierras:

                        donde la pieza del juego

                                                               marcaba en tu cuerpo;

                                 el número

                                                            que latía

                                                                           en la tormenta.Imagen